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¿Odiar a los originales es una posición legítima?

Quizá tenga razón Berta, y si te cuesta verlo es precisamente porque la situación y lo que traes implantado desde tu clonación es lo que han decidido los originales; ellos están en la posición privilegiada y es lógico que no quieran cambio alguno y alienten la cordialidad y a la no violencia…

Ese desprecio del odio, ese mensaje de concordia que predican abiertamente y camuflan a través del arte que ellos han promocionado y de las narrativas que ellos han aplaudido, es control —te dice Berta—. Y ese control, censura la rebeldía.

—De acuerdo. En esto que dices hay parte de razón. Pero. Sacas conclusiones que me parecen atrevidas.

—¿En serio? Soy todo oídos.

—Pues eso de que desalentar el odio sea para mantener sus privilegios. Es un salto muy largo.

—Estoy convencida de ello.

—No me gustaría vivir en un estado de odio.

—Es precisamente lo que les interesa.

—¿Y tú quieres odiar?

—Pues no, y menos aún que haya violencia, pero es que me parece que nos dejan sin opciones y estoy cabreadísima y he tenido un día de mierda —Berta se toca el hombro irritado donde estuvo pintada la Y—. Perdona que le diga tantas cosas a tu cabecita, me dejo llevar y tú las puedes malinterpretar; espero no haberte agobiado, no tienes que hacer caso de lo que digo.

—Pero me gusta, me da qué pensar.

—Nos comunicamos pronto. Me voy a dar un paseo que lo necesito. Oye, ¿tú nunca sales?